En 2008, Judith Eve Lipton,
miembro honorario de la Sociedad Americana de Psiquiatría, en entrevista con
Eduard Punset, comentó, “La monogamia no es natural, pero es posible. Caminar
es natural, patinar no; pero es posible”. Esa frase simplista pero certera,
puntualiza cómo nos hemos amaestrado a una práctica monógama, cultural y
socialmente impuesta; no determinada por nuestra dimensión biológica ni a
través de muestras de adaptación neurofisiológicas evolutivas que la moderen.
La exclusividad sexual ha
sido considerada la base de establecimiento de las actuales sociedades y de
nuestra supuesta evolución sociológica-cultural. Esa visión absolutista ha
creado fuertes sesgos hacia un estudio objetivo de las construcciones no
monógamas.
Siendo la monogamia
percibida como la piedra angular de la pareja moderna (Conley, Matsick, Moors y
Ziegler, 2017), citando a Kipnis (2004), las relaciones abiertas consensuadas
resultan controversiales hasta para los mismos investigadores. Esto ha
resultado en estigmas en especial para las relaciones heterosexuales:
La premisa de que la
monogamia es la forma ejemplar de la asociación romántica subyace en gran parte
en la teoría y en la investigación sobre la calidad de las relaciones, este
sesgo ha provocado problemas metodológicos que dificultan abordar eficazmente
la calidad de las relaciones no monógamas consensuadas o RNMC (Conley, Matsick,
Moors y Ziegler, 2017). Este, entre otros estigmas, hace necesario desarrollar
mayores estudios, especialmente en México, que definan parámetros de
satisfacción confiables en las distintas preferencias genéricas, respecto a las
RNMC en distintas dinámicas (pareja abierta, poliamorosa o swinger).
En poblaciones no
diferenciadas por preferencia genérica, se han realizado estudios comparativos
entre personas declaradas monoamorosas y poliamorosas, y se ha encontrado que
los segundos muestran mayor evidencia de niveles de intimidad que los primeros.
(Beaulieu, Brockman y Ó Beaglaoich, 1992).
Del mismo modo, existen
estudios que aseveran que las relaciones no monógamas consensuadas son más
frecuentes en la población homosexual más no en la lésbica, y que los niveles
de satisfacción de las mismas, son mayores, en comparación con las ‘relaciones
cerradas’ en dicho grupo de preferencia genérica (Stults, Javdani, Greenbaum,
Kapadia y Halkitis, 2015).
Citando al primero, “Mi
impresión hasta ahora es que no parecen menos satisfechos, e incluso puede ser
que su comunicación sea mejor que entre parejas monógamas porque han tenido que
negociar detalles específicos”.
Por otro lado, las RNMC
tampoco representan un mayor riesgo de propagación de infecciones de
transmisión sexual (Hickson, Davies, Hunt, Weatherburn, McManus y Coxon; 2007).
Además de la liberación de
estigmas, los parámetros de satisfacción de las RNMC, pudieran dar guía no sólo
a un análisis de comprensión más profundo sino a otras adaptaciones como
iniciativas jurídicas, por ejemplo, en el caso de dar legalidad e igualdad de
derechos civiles a las relaciones no monógamas. Como antecedente, los
partidarios de la Ley de Defensa del Matrimonio en EU, usan comúnmente la
posibilidad de legalizar los matrimonios poliamorosos (una forma particular de
RNMC en la que los participantes tienen múltiples nexos romántico-amorosos; y
no sólo contacto meramente sexual) como una táctica de miedo que permita
perpetuar al matrimonio únicamente como “La unión entre un hombre y una mujer”
(Conley, Matsick, Moors y Ziegler, 2012). Históricamente hemos visto la
necesidad de ampliar dicho concepto, lo cual nos ha llevado paulatinamente a la
inclusión legal de los matrimonios entre personas del mismo género; de tal
modo, es probable que requiramos en un futuro incluir igualmente algunas formas
de RNMC, lo cual requerirá sustento científico para su debate.
Sin embargo, siguen
profundamente estigmatizadas. ¿Ustedes qué opinan?
Ahora NO es la misma
dinámica la del poliamor que el de una relación abierta, aunque la primera es
un tipo de relación abierta o no monógama consensuada, los poliamorosos suelen
involucrar aspectos emocionales, e incluso se conocen entre sí, forman triejas
y estipulan polifidelidad. En tanto, en muchos casos de relaciones abiertas no
poliamorosas, lo que se negocia es la no exclusividad sexual, pero en ocasiones
-como parte del consenso- no se hace conocimiento del otro con quién o quienes
se mantienen contactos sexuales.
Fuente: Elsy Reyes


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